martes, 9 de marzo de 2010

La partida

En el aeropuerto al abrazar a mamá no pude evitar sentirme la niñita que se pierde en el supermercado, abandonada, aunque era yo la que se iba, sollocé un momento. Es el el justo momento en que lo que uno da por hecho se borra por completo y ya no hay más porque ya no puede darse nada por hecho.

Al hacer la fila para abordar el avión, escuché vagamente las instrucciones por el altavoz y me formé, cuando me di cuenta que estaba en la fila equivoca, sólo le decía a la azafata: ¿Qué soy! ¿Qué soy?, cuando me dijo que tenía que cambiar de fila. Aunque quizá en el fondo tenía la esperanza de que realmente contestara mi pregunta. ¿Qué soy?.

Por ser mi segunda ocasión en avión, los nervios se apoderaron de mi, al momento del despegue, pero al imaginarme como una loca corriendo por el pasillo y armando un escándalo, me reí y me tranquilicé un poco...un tirón de estómago, unas manos sudadas y un corazón acelerado me dijeron que el vértigo era evidente, pero no hice caso y me puse a mirar por la ventanilla. A medida que nos alejábamos del suelo, y la ciudad y los carros y las personas perdieron su forma, y sólo se veía una planicie con montículos de cuando en cuando, no pude evitar decir en voz alta: No somos nada, y sin embargo nos empeñarnos en convencernos de que sí.

Tenía ganas de pasar entre las nubes, pensaba en eso cuando la azafata me ofeció unas galletas "Gaby" y demás líquidos refrescantes con sello y marca, es un total comercial patético me dije, cuando todo empeoró, la pantalla bajó y una tal Claudia Elizaldi nos daría las instrucciones de seguridad del avión, pero todo era una microtelenovela chafa para hacer "entretenidas" las instrucciones de seguridad, de seguro que no hacen estudio de mercado, pensé, quien esa mujer que se dice actriz y conductora, la he llegado a ver en televisión en los programas de la televisión abierta, era cómico, según esto, pero entre más chistes telenovelescos emergían mi cara de incredulidad me delataba, después vino una especie de reportajes que eran en realidad otros infomerciales, qué bajo! hasta nos venden el entretenimiento a un costo altísimo, fue cuando me olvidé de las nubes y de los comerciales y me dormí.

Anunciaron la llegada a Toluca, desperté de un salto, y cuando abrí los ojos, íbamos cruzando entre nubes, todo era una blancura total, no sabía si caía, subía, avanzaba o si iba hacia atrás, y sí, estaba en el cielo, justo en él, flotando, llegando a Toluca.

Sandra tardó un poco en llegar, uno porque venía en taxi, dos porque la central de camiones que lleva hasta DF había cambiado su localización. Al llegar por mí tomamos un taxi, estuvimos a punto de bajarnos en plena calle porque el cobro era elevado, una vez llegado al acuerdo, y necesario regateo con el taxista, tomamos el metro observatorio, cruzamos un mercado para llegar a él, con 40 kilos entre maletas y computadora y bolso, Mary llamaba, no pude contestar el teléfono, pude contestar 2 hrs después a sus mensajes, en lo que cruzamos la ciudad y llegamos al departamento, llegué bofeada, la altura, la carrera, las maletas y por supuesto, fumar. Pasé toda la tarde sola, comimos rápidamente tacos de longaniza y chuleta, me enchilé horrendamente al confundir con simple y sencillo guacamole, una salsa con aguacate. Pasé el resto de la tarde en el apartamento sola, me inventé obligaciones y barrí la cocineta, limpié el baño e hice cena vi "Volver" de Almodóvar y después de varias horas de ver "Capadocia" nos dormimos.

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